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12/06/2018 11:00

El coco de Tumaco: alternativa ganadora en sustitución de cultivos

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• De acuerdo con la información entregada por el ingeniero forestal Jerson Angulo, coordinador de asistencia técnica del PNIS en Tumaco, los Consejos Comunitarios con mayor área sembrada en coco son: Acapa 1.200 hectáreas; Mejicano 1.100 hectáreas; Gualajo 850 hectáreas; Rosario 600 hectáreas y Chagüi 600 hectáreas. También hay un alto potencial de palma de coco en los Consejos Comunitarios de Bajo Mira, Tablón Dulce y Salado e Imbilpi.

• En pocas semanas, serán 17.000 las familias vinculadas al Programa de Sustitución de Cultivos Ilícitos, PNIS, a partir de la asistencia técnica, podrán construir posibilidades de sustitución mediante proyectos productivos de largo plazo que transformarán sus vidas.

Tumaco, Nariño, 12 de junio de 2018. “El que siembra coco, siembra paz”. Con estas palabras, al lado de unas bodegas rudimentarias y un discreto puerto sobre el mar pacífico, Arizmendi Arboleda, presidente de la Federación de productores, comercializadores y pequeños cultivadores de coco, habla con convicción sobre el futuro del llamado “árbol de la vida”, que hoy les permite a centenares de campesinos de Nariño, mantener una situación de vida estable y decorosa.

Las aguas del océano que relumbran con el sol del mediodía parecen transportar los sueños de los cocoteros de Tumaco, que acarician la posibilidad cercana de vender su producto en los mercados de Canadá, Estados Unidos, y varios países europeos.

Fedecoco nació en 2014 en medio de una crisis que afectó a los cultivadores de la palma de coco por el llamado “anillo rojo” o “gualpa”, una enfermedad que simplemente, mata la palma de coco. Es como un cucarrón de unos 5 centímetros, que hace presencia y destruye, si no hay una protección sanitaria. En ese año aciago para un producto de conocimiento universal, el también llamado “picudo” arrasó con 3.000 de las 6.000 hectáreas del litoral. Hoy, con gran esfuerzo y el apoyo del Instituto Colombiano agropecuario, ICA, los campesinos se recuperaron y tienen sembradas 7.000 hectáreas.

“Pero necesitamos 20.000 hectáreas sembradas para atender la posible demanda de mercados internacionales. Ya nos compran en las grandes ciudades del país. Ahora nos vamos más lejos”, dice Arizmendi.

De acuerdo con la información entregada por el ingeniero forestal Jerson Angulo, coordinador de asistencia técnica del PNIS en Tumaco, los Consejos Comunitarios con mayor área sembrada en coco son: Acapa 1.200 hectáreas; Mejicano 1.100 hectáreas; Gualajo 850 hectáreas; Rosario 600 hectáreas y Chagüi 600 hectáreas. También hay un alto potencial de palma de coco en los Consejos Comunitarios de Bajo Mira, Tablón Dulce y Salado e Imbilpi.

Angulo estima que son cerca de 10.000 hectáreas con coco que podrían ser una alternativa con buenos indicadores de rentabilidad.

Ahí es cuando se abre la inmensa posibilidad de que el coco se convierta en una opción productiva y sostenible en el proceso de sustitución voluntaria de cultivos de uso ilícito que impulsa el gobierno nacional.

En pocas semanas, serán 17.000 las familias vinculadas al Programa de Sustitución de Cultivos Ilícitos, PNIS, a partir de la asistencia técnica, podrán construir posibilidades de sustitución mediante proyectos productivos de largo plazo que transformarán sus vidas.

“En Nariño habrá próximamente 460 técnicos financiados por el PNIS y consideramos importante definir la posibilidad de que el coco sea una opción ganadora, pues aparte de rentable es muy amigable con el medio ambiente, hace parte de las expresiones de la cultura Afro”, dice Eduardo Diaz Uribe, Director del Programa.

La Federación tiene hoy 3.300 afiliados que cultivan la palma de coco en Tumaco, Francisco Pizarro, Olaya Herrera, La Tola, el Charco y Santa Bárbara de Iscuandé.

La demanda ha ido en aumento. El coco tumaqueño es “bueno para todo”. Se está usando particularmente como fruta deshidratada, aceite, cremas, endulzante, en agua y otras presentaciones. Son 11 cosechas al año y se compra por docena. A nivel mundial, con productores a gran escala como Indonesia, Filipinas y la India, el coco tiene un posicionamiento que lo hace un producto ganador.

Tiene usos en la industria (aceites alimenticios y carbón activado); en la agricultura (el polvo se usa para mejorar la textura del suelo y abono orgánico); la ganadería (la harina de coco y las hojas como forraje). Es muy útil igualmente en construcción, artesanías, ecología, turismo y ecología.

En medicina se utiliza por sus condiciones diuréticas y antisépticas, y popularmente se acude al coco para remedio contra el asma, la bronquitis, el estreñimiento, la fiebre, la tos y la gripa en general.

En Tumaco, la demanda ha ido en crecimiento. Hasta hace poco había compradores de Bogotá, Cali y Manizales. Ahora, el producto tiene requerimientos de buena parte de las capitales colombianas.

Una hectárea cultivada permite generar el equivalente a un salario mínimo en Colombia: 781.242 pesos. Con dos hectáreas del cultivo, una familia puede defenderse dignamente, admite Arizmendi.

“Es un cultivo silvestre, compatible con la naturaleza. El conocimiento ancestral de los negros es como una garantía de que todo lo que sembremos en el pacífico equilibra el medio ambiente. Desde niños aprendemos que el coco tiene propiedades para la salud. Sabemos que el consumo regular del coco nos hace inmunes a ciertas enfermedades. Por eso lo queremos”, recalca Arizmendi Arboleda.

Federman Burbano, a sus 55 años, es un convencido de que su fortaleza y buena salud provienen del coco. Hoy es presidente del Consejo Comunitario Río Gualá, en Tumaco. “El coco genera ingresos todos los meses. A mí me criaron comiendo coco y no he dejado esa buena costumbre”, afirma.

Considera, además, que en materia gastronómica es un producto que no tiene pierde. Se ha especializado en recetas y ahora usa esa materia prima en cocadilla, arroz con coco, cocada de cangrejo, de jaiba y de pescado.

Como Tumaqueño está impulsando con la federación, un proyecto que tiene que ver con la transformación de savia en azúcar, para lo cual, según sus palabras, caería bien un apoyo financiero y estratégico del sector privado.

La planta en Tumaco emplearía a 300 mujeres y propiciaría proyectos de ingreso rápido. El modelo fue copiado de Filipinas y Tailandia, donde ha resultado un éxito.

Por lo pronto, los cocoteros esperan aterrizar en el corto plazo un proyecto a gran escala con la Dirección de Sustitución de Cultivos, y emprender otras iniciativas que generen empleo y hagan más rentable su actividad centenaria: el cultivo de la palma de coco.